Qué es la responsabilidad solidaria y cómo te afecta.

En este artículo vamos a ver qué es eso de la responsabilidad solidaria y cómo te puede efectar. Para ello permíteme que te cuente una historia que bien podría titularse «El amor pasa, la responsabilidad solidaria permanece»:

¿Alguna vez has tenido problemas de dinero con un/a -ex?

Patricia sí.

Nuestra amiga vivía con su pareja, Nuria, en un bonito piso a las afueras de Barcelona. Llevaban muchos años juntas y era una de esas parejas a las que todo el mundo envidia.

Pero contra todo pronóstico las cosas empezaron a torcerse, hasta tal punto que un día Patricia decidió terminar la relación, poner tierra de por medio y volver a su ciudad natal en el sur de España.

Nuria por su parte, no encontró otro piso al que mudarse y aunque la casa estaba llena de recuerdos que ahora le resultaban dolorosos tuvo que seguir viviendo allí y buscarse una compañera de piso para poder seguir pagando el alquiler.

Y entonces llegó la crisis de 2008 y la nueva compañera se fue. Para colmo de males Nuria perdió su empleo y, sola en el piso, cada vez tenía más dificultades para hacer frente al alquiler. Hasta que un día dejó de pagarlo.

A todo esto Patricia seguía viviendo en su ciudad natal, feliz y contenta con su nueva vida y sin tener la menor idea de las dificultades financieras por las que atravesaba Nuria.

Hasta que un día cualquiera, mientras se tomaba el primer café de la mañana mirando los mensajes del wassap recibió un burofax con una noticia que casi se le atraganta la magdalena:

En tanto que deudora solidaria, el propietario del piso de Barcelona le reclamaba el pago de las mensualidades pendientes, que no eran pocas, más los intereses de mora, etc.

¡No puede ser!– pensó Patricia, que ya ni se acordaba de aquella casa.

Sí puede ser Patricia, porque el contrato de alquiler estaba a nombre de las dos y cuando tú te fuiste el contrato siguió como estaba. Por lo que aunque la relación sentimental se terminó, la relación contractual siguió vivita y coleando.

Ay madre-, me dice Patricia visiblemente agobiada, –¿Pero que es esto de que soy deudora solidaria? ¿Cómo puede ser que tenga que pagar yo todo el dinero? De verdad que no lo entiendo, si hace mil años que no vivo en esa casa…

Resolvamos el misterio:

¿Qué es la responsabilidad solidaria?

Cuando Patricia y Nuria decidieron irse a vivir juntas hicieron lo que todo el mundo: buscar en Idealista, ver muchos pisos cutres, desesperarse, por fin encontrar un sitio decente, rezar para que no estuviera ya alquilado, ir a verlo y por fin firmar un contrato de alquiler con el dueño del piso.

Básicamente el contrato venía a decir que Patricia y Nuria tenían derecho a vivir en esa casa a cambio de pagarle al dueño una cantidad al mes, el alquiler. Dos habitaciones, terraza… si vives en Barcelona ya te imaginas que no era barato precisamente.

Pues bien, una vez que se firma el contrato nace una relación jurídica entre el dueño y las chicas. En esa relación el dueño tiene derecho a que le paguen el alquiler religiosamente, es decir, entre el 1 y el 5 de cada mes y nuestras amigas tienen la obligación de pagarle a cambio de vivir en el piso. Es decir, decimos el dueño del piso es el acreedor de la obligación y Patricia y Nuria son las deudoras.

Hasta aquí todo bien, ¿no?

Seguimos.

Ya sabemos que Patricia y Nuria tienen la obligación de pagar el alquiler, pero para cumplir con esa obligación la ley permite que se organicen como quieran: pueden decidir pagar a medias, que lo pague todo una, que unos meses pague una y otros meses la otra, lo que quieran. Mientras que paguen el alquiler cada mes, ancha es Castilla.

Pero, ¿qué pasa?

Que aunque normalmente se entiende que cada una debería pagar la mitad del alquiler, legalmente la cosa cambia, ya que se considera que cada una de ellas es deudora de la totalidad de la renta. Decimos que son deudoras solidarias. Cada una tiene la obligación de pagar toooodo el alquiler. La mitad del alquiler no, todo.

Por lo tanto, ninguna le puede decir al casero que solo paga su parte del alquiler o que vaya a pedirle cuentas a la otra, porque en el caso de los deudores solidarios el casero es libre de reclamarle a quien le de la gana.

Llegados a este punto, ya te imaginarás lo que pasó:

El casero, ni corto ni perezoso, mosqueado porque Nuria no pagaba y le daba largas con el dinero decidió cortar por lo sano y reclamarle el dinero a Patricia, que como ya sabes seguía en el contrato.

Y así fue como Patricia se encontró de la noche a la mañana con un marrón bastante gordo, teniendo que pagar un montón de pasta por los alquileres atrasados de un piso en el que ni siquiera vivía desde hacía años.

PS: Una vez que pagó la deuda, Patricia ejerció una acción de regreso contra Nuria. Las acciones de regreso permiten al deudor/a que hizo el pago reclamar a los otros co-deudores la parte que le corresponda a cada uno. Pero eso ya es otra historia…

Responsabilidad solidaria de las deudas contraídas por uno solo de los cónyuges

Otro supuesto de responsabilidad solidaria lo encontramos en el caso de las deudas contraídas por alguno de los cónyuges cuando el matrimonio tiene régimen de gananciales.

Así en el caso de las deudas contraídas por uno de los cónyuges para hacer frente a las necesidades ordinarias de la familia, -lo que se conoce como potestad doméstica-, responden solidariamente los bienes comunes y los del cónyuge que contraiga la deuda y, subsidiariamente, los del otro cónyuge.

Señala Chaparro Matamoros que la responsabilidad solidaria de los bienes comunes se explica en atención a que se trata de actos encaminados a atender necesidades ordinarias de la familia, es decir, actos que redundan en el bienestar familiar. Por su parte, aunque el otro cónyuge no es deudor, responde subsidiariamente porque debe contribuir al levantamiento de las cargas del matrimonio.

Los menores de edad no pueden ser deudores solidarios por deudas.

El Tribunal Supremo, en sentencia de 25 de marzo de 2021, ha establecido que los menores de edad no pueden ser declarados responsables solidarios de deudas con Hacienda por su colaboración en ocultación de bienes cuyo causante o colaborador sea su representante legal.

¿El motivo?

Que los menores carecen de capacidad de obrar. Esta es la razón por la que <<no puede colaborar (menos aún de manera consciente y voluntaria) en la ocultación de bienes, pues tales conceptos normativos -colaboración, causación, consciente, voluntaria, ocultación, transmisión, finalidad, maliciosa, etc., son privativos de quienes gozan de capacidad de obrar, entre quienes no se encuentran los menores de edad, bajo ningún concepto>>.

El Alto Tribunal entiende que el dolo o intención que exige la jurisprudencia no puede atribuirse a una persona legalmente inimputable, como es el caso de los menores de edad.

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